Yo quemo el anhelo

Yo quemo el anhelo
como quien quema las naves.
Trazo un camino de tierra devastada,
dejo huellas donde no crece la hierba.
Fundo el hierro de la argolla
y el oro de la jaula.
Libero al pájaro cautivo,
doy rienda suelta al llanto.
Me dejo crecer las alas
que huyen del cielo.
Me desgarro en lo íntimo,
arraso el silencio.
Alimento el incendio de la memoria,
cocino a fuego lento los recuerdos.
Enciendo una bengala
que rescate a mi corazón herido.
Lo azuzo cruelmente
hasta que sale de su escondrijo.
No se me ocurre otra manera
de salvarlo.
Lo lanzo al aire
como un cohete sin rumbo.
Comienza a danzar
fuera de órbita.
Se acelera con estruendo.
Ilumina enloquecido
algunos confines del Universo.
Prendo fuegos artificiales
que le acompañen en tanta insensatez.
Admiro su brillo palpitante.
Celebro la ternura en nuestro reencuentro.
Y sigo esparciendo las cenizas del anhelo
para no sembrar más cadáveres por el camino.

María, marzo 2020