​Santa Frustración de Todos los Santos Amores sin Encarnar

Santísima y devota Frustración de Todos los Santos Amores sin Encarnar, a ti encomiendo mis desdichas románticas y mis sinsabores parejiles. 
Loada tú, oh mi Santa, que conservas mi corazón en perfecto estado de emoción anhelante y resignada. 
Alabada tú, oh mi Santa, que inspiras mi cabeza con fantasías felices e inquietantes. 
Ensalzada tú, oh mi Santa, que embalsamas mi cuerpo en formol tan casto como ingrato. 
 
Gracias Santa Frustración de Todos los Santos Amores sin Encarnar, porque sólo tú consigues la perfecta unión de lo ocultamente deseado y lo oníricamente disfrutado, la inspiración simultáneamente vengativa y edulcorada, la creatividad más desmedidamente obsesiva e inconmesurablemente desbordada, las obras sincrónica y diacrónicamente más aplaudidas y rememoradas. 
 
Gracias Santa Frustración de Todos los Santos Amores sin Encarnar, porque sólo tú eres capaz de ir allanando el camino más limpio y despejado para los encuentros destornillantes, los crushes estrafalarios, los acercamientos inexpertos, los desbordamientos gratificantes, los flirteos descerebrados. 
 
Gracias Santa Frustración de Todos los Santos Amores sin Encarnar, porque sólo tú lograrás que cuando tenga a bien encarnarse el amor para ser correspondido y celebrado, serán reubicados todos los fantasmas destronados, todos los desencantos románticos, todos los espantos desengañados y todos los sentimientos desairados. 
 
Queridisima Santa Frustración de Todos los Santos Amores sin Encarnar, líbrame por favor de cualquier atisbo de descreimiento y de recelo hacia el pueblo elegido de los amantes amados y de los amados amantes, y no me permitas desconfiar de la verdad de mis desvelos. 
 
Queridisima Santa Frustración de Todos los Santos Amores sin Encarnar, otórgame por favor fuerza y convicción para no buscar lo que me sea dado encontrar y para no desesperar mientras renuncio a seguir esperando. Te ruego que no cejes en tu acompañamiento para recordarme que lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. Imploro tu piedad y clemencia para protegerme de las decepciones sentimentales que inevitablemente produce la habituación doméstica del amor encarnado y para preservar lo cortésmente idealizado como tesoro incorruptible de nuestra Santísima Voluntad platónica, pura y sublimada. Más líbrame del cierre de mi corazón, amén. 
 
María Colodrón, del Nuevo Santoral para Entrañables Despistados.