Mi querido Jeremías

Mi muy querido Jeremías,
¿cómo hablan los dioses a sus profetas si no es a través de galimatías llenos de ambigüedad metafórica, metonímica e hiperbólica? ¿fueron acaso los oráculos alguna vez transparentes y unívocos? ¿alguna vez plantearon las esfinges enigmas ajenos a la paradoja y el doble sentido? ¿Crees acaso que mensajes menos confusos, más claros y evidentes, servirían para comunicaros mejor sin respetar vuestro libre albedrío, apartándoos del heróico camino, trazando fatídicos designios? ¿O es que acaso morder del fruto del Árbol del Conocimiento no os obliga a discriminar, discernir, distinguir, decidir y determinar en nombre de vuestra grandeza y dignidad? 

María Colodrón, abril de 2015