Ante el iniciado

En aquellos tiempos en los que los dragones todavía colaboraban con los ángeles y los ángeles seguían enamorándose de los humanos, nació y creció una muchacha de alma nómada y vocación trovadora que se lanzó a entretejer cuentos y destinos por los caminos. Encontró muchos peregrinos, unos cuantos piratas, gente variada de bien y de posibles, también ingenuos, mezquinos, ladrones, bribones , tramposos mujeres de vida fácil muy difícil, hombres lúcidos y sombríos, niños desamparados y protegidos, abuelos y abuelas de animales, plantas y calañas, mesoneras y posaderos, también mesoneros y posaderas, sirenas disfrazadas de princesas y hadas disfrazadas cualquier cosa. Huyó de muchos castillos confortables y de otras tantas mazmorras deleznables. Dio vueltas y siguió siempre hacia adelante. Fue tocada por la gracias de las musas y la inspiración divina la utilizó para clarificar a quien lo necesitara y distraer a quien pudiera poner en peligro a los demás y su verdad. Nunca respondió a los curiosos ni a los intrigantes, pero derrochó su tiempo y su sonrisa con quien necesitará un centavo de alegría. Cuando alcanzó a ver lo que sería su hogar, el refugio para dar descanso a su corazón trotamundos, dudó de si sería capaz de aquietarse y quedarse, de disfrutarlo y celebrarlo. Por eso llegó hasta el umbral del Loco. Una figura muy similar a ella misma, casi parecía su reflejo, que la miraba fijo y distraído al mismo tiempo. Sabía que le llamaban el Iniciado pero también el joker, la incógnita y el principio de todo final y el cierre de todo ciclo. Así que se colocó delante, le sonrió entre intrigada y confiada y esperó. Si algo hubiera de acontecer sería partiendo desde allí, si algo hubiera de repetirse sería huyendo desde allí, si algo hubiera de renovarse sería tomando fuerza desde allí. Y aunque nunca es igual en ese lugar, frente a la silueta de ese personaje neutro y lleno al mismo tiempo, siempre se evoca la nostalgia de todos los demás inicios. Así que deseemos suerte a la pequeña trovadora para que pueda amigarse con el refugio sin descanso, el camino sin retorno, lo infinito de este instante que todo abre y nada cierra, que todo exige y nada entrega, que todo sabe y nada desvela, que todo ama y nada amarra, que todo aguarda y nada espera, que todo alcanza y nada aferra, que todo sueña y nada recela. Deseamos le fuerza y confianza, y que las estrellas inspiren su corazón, el viento sus pasos y cada paisajes imaginación para seguir trovando por y para el mundo, hasta que se convierta en la mansión de Dios y ya no haya nada más que añadir ni que relatar.

A 30 de noviembre de 2021
 
María Colodrón, fragmento de «Ante el iniciado». 30 de noviembre, día de San Andrés, de 2021.