Necesito descansar de la muerte

Dedicado a Laura y a su alma

Necesito descansar de la muerte, 

reposar en el olvido del mí, del sí, del no.
Refugiarme más allá del desasosiego cotidiano. 
Acurrucarme donde no lleguen huella del cataclismo.
Cobijarme fuera de la tupida fatiga de la desventura. 
Yacer al amparo de las ruinas y los desahucios. 
Adormecerme con el arrullo de la pausa, 
la nana del silencio. 
Por un rato, aunque sea por un rato. 
 
Dejar por un rato lo inaceptable, 
dejar de lado lo inadmisible, 
dejar atrás lo inasimilable, 
dejar sin más lo inasumible. 
 
Necesito apartarme de lo que atenaza la verdad y la confianza. 
Alejarme de inercias inertes, desidias insidiosas, 
atrocidades vulgares o inéditas,
perversiones diversas, distorsiones variadas. 
Distanciarme de lo inconcebible generalizado, 
de lo repudiable desapercibido, de lo inaceptable ordinario. 
Por un rato, por un largo rato. 
 
Descoser rencores, desbrozar reproches, desarticular venganzas, desactivar vilezas, desaprender infamias, desbaratar sinsabores. 
 
Necesito que el dolor atraviese sin detenerse, 
que perfore hasta dejarme sola, acompañada de vacío, 
que me deshabite de rabia y de duelo. 
 
Necesito llorar por tanto. Necesito naufragar, ahogarme y rescatarme en el llanto. Y volver a naufragar y disolver el espanto. 
 
Necesito que el mundo se resuelva de milagro en milagro, que me convoquen cuando ocurra, que me ignoren mientras tanto. 
 
Necesito descansar de la muerte, 
retirarme a los aposentos de ninguna parte
donde no quepan el horror ni la extenuación,
donde no pueda colarse lo mezquino, 
ni visitar lo sórdido ni alcanzar lo ruin. 
Exiliarme más allá de la historia y de los tiempos, en ninguna parte, en ningún lugar, donde siempre es ya, y nunca es tarde ni tampoco pronto. 
 
Inventar lo que no existe y siempre fue, imaginar la eternidad de la ternura, 
vislumbrar al funambulista del horizonte, 
incubar luceros, fraternidades, ecos, tornasoles. 
 
Esbozar en mi sueño banderas invisibles, 
para que las bordaran los luceros y las izara el olvido
también inventaría un himno que se cantara en otro mundo y resonara en los huesos. 
Sin duda, en mis sueños, quemaría las banderas 
para calentar los infiernos, 
y acallaría el canto
para que me acariciara por dentro. 
 
Necesito descansar de la muerte y respirar a Dios, respirar a Dios, respirar a Dios.
 
María Colodrón, abril de 2023. 
 
P. D. Os invitaría a todos a descansar de la muerte, cierto que habríamos de celebrar la pijama party en solitario, cada quien en su recoveco recóndito , aún así sería divertido apearnos juntos del mundo y sabernos conectados a través de la quietud, unidos por la tregua radical del «no puedo más», del «se acabó», del «hasta aquí llego».