Sobre leicas y cerillas

Queridos todos,
El solsticio de invierno ha coincidido con la luna nueva y el último domingo de Adviento, llamativa combinación de atisbos, nacimientos y llegadas. Asomó Guillermo su naricita, con premura y bendiciones, convirtiéndose en nuestro ahijado más chiquitín de Violeta Blanca. Posiblemente cuando podáis leer estas líneas, estaré celebrando reencuentros navideños por el Wild Atlantic Way irlandés.
 
Antes de eso, hemos ido cerrando cuatrimestre y año de actividades con relevos, renovaciones y rendiciones. Desearos días de reflexión más que de agitación y de asunción más que de compulsión. En cualquier caso, desearos que las connotaciones biográficas y familiares del periodo navideño permitan o, al menos, no impidan una mirada amplia en la que tenga cabida: el sentido de celebrar que a partir de la noche más larga del año, la luz comenzará a avanzar y sus atisbos se festejarán en el Imbolc, en las Candelas y culminarán en San Juan; trascender automatismos y sinsentidos para alumbrar deseos y compromisos; renovar lo simbólico de nacer y renacer cíclicamente para que sigan desplegándose oportunidades en nuestro quehacer vital y rescatar paisajes en nuestro peregrinaje experiencial; incubar impulsos, acuñar recuerdos, rememorar olvidos, honrar intentos, empollar silencios, rescatar afectos… 
 
Dicen algunos que la Leica, primera cámara manejable y transportable fácilmente, cambió nuestra manera de registrar imágenes y relacionarnos con la fotografía. Desde mi interés, compartido con colegas y amigos, por cómo contemplar la Historia en nuestras historias y descubrir lo que nuestras historias aportan a la Historia, las posibilidades que ofrece investigar con fotografias y álbumes personales y familiares resultan fascinantes e inagotable. Cada ocasión en que nos aventuramos por la fotología y podemos jugar con lo que se revela y desvela en una imagen, en muchas imágenes, en todas las imágenes que alguien aporta, resulta sorprendente, catalizador, poético e inefable. 
 
La humanidad que puede reencontrarse consigo misma incluso a través de lo que en algún momento fue extraño, lo que para los legos a veces resulta un galimatías técnico, del voyeurismo que acorta distancias y diluye barreras a través de lentes y artefactos, es una de esas paradojas que continua acompañándonos a través de un arte que impacta y relativiza, fascina y satura, admira e iguala. Narraciones visuales de instantes que perduran en la retina y en el alma, que ojalá nos ayuden a relatarnos más bellamente, más significativamente. 
 
Al respecto de relatarnos, comparaba los cuentos clásicos rescatados por los hermanos Grimm, entre otros, y los cuentos posteriores. Estos últimos suponen narraciones que no están inspiradas en relatos tradicionales que se transmitían oralmente sino en la capacidad genial de su autor para captar las tramas arquetípicas que emergían en el nuevo orden del modernismo, la revolución industrial, la expropiación de lo natural y lo rural, la racionalidad  antropocéntrica y la desesperanza que acompañaba al individualismo instaurado. Así Andersen con su vendedora de fósforos y Wilde, con el principe y la golondrina, como relatos breves (en versión extensa tenemos algunas historias de Dickens o de Victor Hugo, por ejemplo) nos ofrecen caer en la cuenta de que las hadas y genios habían sido desterrados de la experiencia mundana. A diferencia de relatos como la princesa y los cisnes, Blancanieves o el gato con botas, en los cuentos posteriores no había cabida para hadas, ayuda proveniente de seres mágicos o pruebas imposibles con resultados felices. En la época victoriana, parecía que el final feliz no podía ser otro que el descanso regalado por la muerte ante el sinsentido, la indefensión y la desesperanza. Releyendo a mi admirado Harpur, no dejo de contactar con la necesidad de rescatar a los daimones para poder ser rescatados por ellos. Aunque suene algo parecido al juego de Pokémon, en realidad sería liberarlos a partir de darles lugar, en vez de capturarlos para utilizarlos en nuestros inútiles combates. Dar entidad a lo simbólico, que no es lo mismo que literalizar ni pretender controlar supersticiosamente, ofrece una alianza esencial a cambio de renunciar al control, precio que no solemos estar dispuestos a pagar. 
 
A partir de estas cavilaciones se plantean proyectos que han ido gestándose al amor de la sombra y al calor de la tradición: un monográfico sobre «Rescates daimónicos y experiencias transpersonales»; un residencial que nos permita realizar más concienzudamente nuestro «Inventario de afectos y memorias descatalogadas»; un lunes lunero «Sobre las triadas arquetípicas de vida, muerte y resurrección»; un ciclo de recursos que sigue recreándose en la participación del Misterio. 
 
Sin embargo también se mantienen otras propuestas más veteranas y un carácter más clásico: formación sobre la herramienta de los muñecos para el acompañamiento de procesos humanos (poco que ver con la idea habitual de «constelaciones familiares en sesión individual»); encuentro del Círculo de mujeres para celebrar las Candelas; el monográfico sobre genograma y narrativas, o el de crisis de realismo; o nuestro dichosamente agendado retiro de silencio (mismas fechas y mismo lugar que el año pasado). 
 
Para más información y cuestiones prácticas puedes consultar el calendario de la web https://mariacolodron.es/calendario/
 
Gracias por encuentros memorables, compartires insondables y relevos luminosos. Bienvenidas las continuidades y las discontinuidades, bienvenido el cambio y el sostén. 
 
Abrazo y abrazos, 
 
María, diciembre de 2025.