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En las orillas del tiempo
Queridos todos, hay tiempos verbales y tiempos históricos; tiempos biograficos, cronológicos, subjetivos, relativos; hay tiempo extra y tiempo de regalo; tiempos vividos con densidad, con intensidad, con gusto; tiempo aprovechado, tiempo exprimido; tiempos robados, olvidados, perdidos, rescatados, regalados. También hay entretiempos, agujeros de gusano, destiempos. Podria haber un tiempo radical y un tiempo disidente, un tiempo detenido y un antitiempo. En cualquier caso, a veces nos encontramos en las orillas del tiempo y parece que podemos probar la temperatura de una próxima temporada, decidir si nos zambullimos sin remedio o nos metemos de a poquito.
Escribo estas líneas escuchando el sonido del río que alimentaba un molino de aceite, actualmente reconvertido en refugio, donde me alojo durante unos días. En cierta forma, se trata del «tiempo de descuento» que agradezco por lo privilegiado de poder tomarlo y lo conveniente de poder disfrutarlo. Ha sido un verano de reflexión y trasiego, con retiro de silencio y curso intensivo incluidos, además de atender en consulta, acometer la escritura de nuevos textos y reorganizar el calendario de propuestas.
Preparando el monográfico sobre «Acompañamiento existencial y crisis de realismo», leo algo que me fascina y conmueve: «el amor lleva en sí carga de eternidad». Encuentro otras frases que también me inspiran para rumiar en el corazón: «cada vez que amamos a fondo perdido, los ciclos vitales se concentran»; y «el amor da a la libertad la densidad de destino». Todas aparecen en el libro de Javier Garrido sobre las crisis de realismo y madurez cristiana, lectura que compagino con otras de Grof sobre las emergencias espirituales, y de Harpur sobre las realidades daimónicas. Quizás sea la mejor manera que he encontrado para mojar los pies en esta orilla del pretiempo otoñal, entre el final del verano y el inicio del curso escolar, donde coinciden con especial imbricación recuerdos y proyectos: las fiestas de la Consolación y las fiestas de San Martín de la Virgen del Moncayo, la celebración de mi santo en el día de «María del Dulce Nombre», retomar actividades, forrar libros, la nostalgia de la luz atardecida, el añadir algo de abrigo al equipaje de una última escapada…
Así que volvemos, remojándonos ya casi al completo, el 15 de septiembre cuando retomamos los «superlunes», el grupo de supervisión presencial más veterano.
El fin de semana del 19 y 20 iniciamos travesía con una segunda promoción de tripulantes que se embarcan en el ciclo de «Recursos sistémico-existenciales para acompañar en lo cotidiano y lo trascendente». Volveremos a navegar por aguas desconocidas y reconocible al mismo tiempo: narrativas de vínculo y apego, matrices afectivas, sabiduría de los padres del desierto, fotología, arte y movimiento, cuerpo y creación, conflictos nucleares y pactos del alma. A pesar de las apariencias, este ciclo no está dirigido exclusivamente a terapeutas. Todas las personas ofrecemos y agradecemos un acompañamiento formal o informal en nuestro entorno próximo. A partir de cierta edad, esa que subraya la vivencia de madurez, no sólo necesitamos acompañarnos a nosotros mismos sino que disfrutamos de compartir experiencias y recursos para dar apoyo a quien nos lo solicita. En los tiempos preindustrializados, en las culturas tradicionales, en nuestra esencia colectiva, hay una admiración hacia la veteranía de la existencia, un requerir la sabiduría de lo transitado, un respeto hacia la venerabilidad de los mayores. Quizás por ello además del este ciclo sobre «Recursos sistémico-existenciales para acompañar en lo cotidiano y lo trascendente» renovamos el proyecto del grupo de mujeres en Violeta Blanca, proponemos el monográfico de «Acompañamiento existencial y crisis de realismo» y planteamos un laboratorio de reciclaje para profesionales algo diferente a los años anteriores.
Antes que todo eso, el miércoles 17 de septiembre retomamos el grupo vespertino de supervisión online (17,30-20,0) y el martes 23 retomamos el grupo matutino de supervisión online (10-13,30). Como comentaba en el boletín anterior, cada uno tiene su talante y dinámica relacional, pero todos los grupos de supervisión tienen capacidad de apertura y acogida para incorporaciones puntuales o con continuidad.
El lunes 22 de septiembre dentro de los encuentros de ‘lunes lunáticos» que ya cumplen cinco años, reanudaremos con «Los cuidados del alma» en su tercera temporada. Este curso queríamos dedicar especial atención a la relación entre alma y espíritu, también de cara a prevenir o solventar las confusiones, distorsiones y carencias cuando hay impedimentos o dificultades para
que se encuentren.
Finalizando septiembre, el lunes 29, tendremos nuestro primer encuentro para mujeres en Violeta Blanca de la temporada: «Sobre protectoras, madrinas, abuelas y ancestras». Además de pertenecer a un ciclo de seis tardes de «lunes luneros» se abre a la posibilidad de asistir a cualquier sesión independiente sin requisito de continuidad. También se ofrecerán tres encuentros en sábado, el primero de los cuales está programado el 25 de octubre y versará «Sobre el otoño y el viento del oeste». La necesidad de entretejer red, de acompañarnos desde nuestras comunalidades y diferencias, de compartir experiencias, necesidades y recursos, de ofrecer ilusiones y veteranías, acompaña la historia del Círculo de mujeres y da sentido a su continuidad en distintos formatos y propuestas a lo largo de diecisiete años.
A partir de octubre comenzamos un nuevo ciclo de los «Laboratorios de reciclaje para profesionales». En esta ocasión exploraremos de forma comparada las distintas tradiciones ascéticas y místicas que nos ofrecen una mirada sobre la incesante búsqueda del Amor y la Verdad del ser humano a lo largo y ancho del mundo y de la Historia. Por ello, nos centraremos más en la dimensión existencial que en temporadas anteriores, apoyándonos en sabidurías espirituales de Oriente y Occidente, así como su posible aplicación en el acompañamiento personal y grupal de procesos humanos.
Me despido mientras sigo renovando mi amor por el agua que discurre y corre; que se mueve siempre la misma, siempre diferente; que pertenece al ciclo que crea, que crea el ciclo al que pertenece; que nos ofrece orillas en vez de fronteras y márgenes en vez de límites; que es mutable, eterna, fuente, lluvia, acequia; que mueve norias, muele olivas, alegra al oído y al alma. Abrazo y abrazos,
María, septiembre de 2025.