Punto fijo, proyección

Queridos todos, 

en estas primeras semanas de octubre llegó el eco de voces que podrian pertenecer a las historias que ya recorrimos, y que también podrían aparecer en la vida que nos queda por escribir. Los cánticos partisanos y el ingenio que se ha convertido en clamor durante las manifestaciones. Las dinámicas en un taller de clown donde se puede subir el volumen del silencio o reorganizar prolijamente el caos. Escuchar los distintos idiomas de una mirada y de la mirada que retorna.
 
Conmigo quedaron resonando de manera esecial estas tres palabras. Dos acciones sencillas que, en realidad, no son nada fáciles de accionar porque suponen dejar de actuar. «Punto fijo» es parar, detenerse, aquietar el movimiento externo de manera que podemos ofrecernos un espacio y un tiempo imprescindibles para amplificar el movimiento interno y contemplar alguna imagen interna que sutil y tenazmente aguardaba nuestra atención. Si sucede ese prodigio, comienza a expandirse esa imagen convirtiéndose en la antesala de un universo infinito y propio. Por eso luego llegaba el recordatorio de otra indicación. Nada más fascinante y conmovedor que permitir el acceso de ese universo a otras personas: compañeros, público, transeúntes de nuestras jornadas, compinches de nuestra intimidad. Por eso seguía el llamado de una sugerencia rotunda, de una propuesta generosa: «proyección». Habitar el universo y permitir que traspase nuestra mirada, nuestro cuerpo inmóvil, nuestra presencia en el espacio físico y relacional. Así que de vez en cuando, en el calentamiento, en los juegos o en las propuestas de trabajo nos llegaba esa invitación a completar la experiencia del adentro y el afuera, de contactar y desapropiarnos, de construir y desprendernos. Me parece que sería halagüeño introducirlo de alguna manera durante cada jornada y también por temporadas estacionales, vitales, sobrevenidas: parar y compartir, afianzar y ofrecer, imaginar y posibilitar.
 
Quizás algunas de las propuestas programadas para este curso nazcan, aún sin saberlo, de ese juego de escudriñar lo que nos pide ser creado. Puede que a través de ese accionar desde la aparente falta de movimiento que esconde un bullicio interno, haya hecho presencia el ciclo de las charlas-coloquio sobre el alma. Estos encuentros vespertinos se convocan para cinco fechas a lo largo del curso. Los contenidos versarán acerca del alma soñadora, el alma exiliada, el alma cómplice, el alma fragmentada y el alma libre. La entrada es libre previa inscripción y se agradece una aportación voluntaria. 
 
También el monográfico sobre «crisis de realismo y acompañamiento existencial» ha experimentado, en esta tercera convocatoria, una transformación que lo amplía y redondea. Se desarrollará a lo largo de dos encuentros de fin de semana para permitirnos dar cabida a contenidos y dinámicas que requieren un tiempo y atención adicional. Ganas de seguir contemplando y mimando como germina esta siembra imprevista y ensoñada.
 
El desarrollo del curso continua con las sesiones de supervisión en modalidad presencial y online; los módulos del ciclo formativo y vivencial de «Recursos sistémico-existenciales para acompañar lo cotidiano y lo trascendente»; y los encuentros de mujeres. Mientras que el desarrollo del otoño continúa con la celebración de Samhain, el inicio de Adviento y las festividades de San Nicolás y la Inmaculada. Todas ellas umbrales de encuentro entre luz y oscuridad, vivos y muertos, tierra y cielo. 
 
Abrazo y abrazos. Muy feliz temporada de recogimiento y contemplación, 
María, octubre de 2026.